Poem
“Donde el dólar no compra el alma” De un país pequeño vengo, pero grande en su manera de querer. Allí la gente se junta sin tener que comprender, porque el corazón es idioma que no teme responder. Aquí, en cambio, la prisa manda, y el silencio es ley. Las calles brillan, sí, pero ¿qué brillo si nadie mira al que está al lado? Un país dorado, pero hueco en su costado. La comida: allá nace de la tierra. Aquí nace del mercado. Allá lo fresco es sagrado, aquí lo rápido es rey coronado. Las fiestas: allá son alma, aquí son saldo descontado. Qué irónico: cuanto más grande el país, más pequeño el lazo. Pero aquella noche del 31, cuando el cielo explotó en colores gastados, mi madre volvió a mí como un verso esperado. Diez años rotos se fundieron en un abrazo largo, y entendí que no hay progreso que compense ese intervalo. Traten de vender la tradición, de empacar el corazón: no podrán. Porque vengo de un pueblo que no olvida la razón por la que el alma ca...